Gustave Flaubert: Sobre la creación literaria – Extractos de correspondencia – Ed. Fuentetaja)

Los genios no necesitan preocuparse por el estilo; son fuertes a pesar de todos los defectos, e incluso, gracias a ellos. Nosotros, los pequeños, sólo valemos por la ejecución acabada.

Me parece, incluso, que un novelista no tiene derecho a expresar su opinión sobre nada. ¿Acaso ha dicho Dios alguna vez su opinión?

Yo creo que el redondeo de la frase no es nada sino que escribir bien lo es todo, porqueescribir bien es a la vez sentir bien, pensar bien y decir bien (Buffon). El último término depende, por tanto, de los otros dos, puesto que hay que sentir con fuerza para pensar, y pensar para expresar. En fin, yo creo que la forma y el fondo son dos sutilidades, dos entidades que jamás existen la una sin la otra. Esta preocupación por la belleza externa que Ud. me reprocha, para mí es un método. Cuando descubro una mala asonancia o una repetición en una de mis frases estoy seguro de que me he enredado en algo falso. A fuerza de buscar, encuentro la expresión justa, que era la única y que al mismo tiempo es la armoniosa. La palabra nunca falta cuando se posee la idea.

Escribo para mí solo, de igual manera que fumo o que duermo. Es una función casi animal, de tan personal e íntima.

No me parece que la primera condición del arte sea reflejar la verdad. Aspirar a la Belleza es lo principal, y alcanzarla si se puede.

Tengo que hacer hablar, en lenguaje escrito, a personas de lo más vulgar, ¡y la corrección en el lenguaje quita tanto pintorequismo a la expresión!

Uno de mis principios es que no hay que escribir sobre uno mismo. El artista debe estar en su obra como Dios en la creación; invisible y todopoderoso, presentido en todas partes, pero sin que se vea.

En los intervalos de mi idiotez creo que estoy loco.

Creáme, no soy en absoluto insensible a las desgracias de las clases pobres, etc., pero en literatura no hay buenas intenciones. El estilo lo es todo. En una narración es preciso ser dramático, siempre hay que  describir o conmover, pero nunca declamar.

Un buen tema para una novela es aquél que se presenta de una sola pieza, de una sola vez. ES una idea madre de la que se desprenden todas las demás. Uno no es libre del todo para escribir tal cosa o tal otra. Uno no escoge su tema. Esto es lo que ni el público ni los críticos comprenden. Ahí reside el secreto de las obras maestras, en la correspondencia entre el tema y el temperamento del autor.