La pobreza reduce el cerebro de los niños

 Pablo Javier Piacente5 noviembre, 2020 Tendencias21

Los niños que viven y se desarrollan en áreas pobres presentan volúmenes cerebrales más pequeños en regiones cognitivas de gran importancia, como la corteza prefrontal y el hipocampo.

Investigadores de los Institutos Nacionales de Salud (NIH) de los Estados Unidos concluyeron en un reciente estudio que los niños que viven en los sectores más empobrecidos de las ciudades presentan un volumen cerebral reducido con respecto a los niños que se crían en los barrios más ricos. De acuerdo a una nota de prensa, al afectarse áreas como el hipocampo o la corteza prefrontal se registra una disminución en funciones cognitivas como la habilidad verbal, la lectura, la memoria o la capacidad de atención.

Aunque en investigaciones previas ya se habían encontrado relaciones claras y contundentes entre el nivel socioeconómico de los hogares y el desarrollo cognitivo de los niños, en este estudio se enriquece la mirada al hallar similares relaciones entre las condiciones de los barrios y vecindarios con el desempeño cognitivo de los pequeños, además de verificar consecuencias físicas de la pobreza sobre el cerebro infantil: ciertas regiones del mismo crecen menos en determinados contextos.

Los investigadores analizaron datos aportados por el Estudio de Desarrollo Cognitivo Cerebral Adolescente (ABCD), un programa que estudia a 12.000 adolescentes y jóvenes estadounidenses a medida que van creciendo. Se miden de forma regular aspectos como la estructura y actividad del cerebro mediante resonancia magnética (MRI), además de recopilar información psicológica, ambiental y cognitiva relacionada con los participantes.

Para esta investigación en concreto, que fue publicada en JAMA Network Open, se utilizaron datos de imágenes cerebrales y pruebas neurocognitivas de un total de 11.875 niños, con edades comprendidas entre los 9 y los 10 años. La muestra estaba conformada por un 48% de mujeres y un 52% de varones, provenientes de 21 sitios diferentes en Estados Unidos, incluyendo tanto áreas urbanas como suburbanas.

Relaciones concretas y significativas

Las imágenes cerebrales analizadas permiten concluir que los niños de barrios pobres presentan una disminución en el tamaño de ciertas regiones cerebrales, principalmente la corteza prefrontal y el hipocampo. Se trata de dos zonas claves en el cerebro en cuanto a funciones cognitivas ligadas al desarrollo de la memoria y al procesamiento del lenguaje.

Según los investigadores, este dato puede explicar las causas del peor desempeño de los niños de áreas empobrecidas en las pruebas de rendimiento cognitivo, al comparar sus resultados con los obtenidos por los niños que viven en barrios con mejores condiciones socioeconómicas. Vale resaltar que los datos analizados fueron obtenidos en 2018 y 2019.

La relación entre la pobreza de los barrios y el tamaño de algunas zonas del cerebro en los niños es evidente de acuerdo a las imágenes estudiadas, pero también lo es el impacto de esta consecuencia física en las pruebas cognitivas. Frente a cada unidad de aumento en la pobreza del vecindario de acuerdo a los estándares del estudio, los niños obtuvieron 3,22 puntos menos en los exámenes de rendimiento cognitivo, dejando en claro que los cambios físicos tienen una incidencia directa en las habilidades verbales, la lectoescritura, el tiempo de atención o la respuesta de la memoria.

Una visión más amplia

Además de la contundencia de las conclusiones, esta investigación puede ser muy útil para comprender la necesidad de abordar la influencia de la pobreza sobre el desarrollo cognitivo de los niños desde una perspectiva ambiental más amplia, no considerando únicamente la realidad de los grupos familiares o los hogares sino también incorporando el impacto de los barrios y vecindarios.

Por otro lado, estos datos tendrían que ser aprovechados por los funcionarios políticos y administrativos para iniciar programas que puedan mejorar las condiciones de las zonas desfavorecidas de manera integral, más allá de ayudas puntuales que puedan recibir las familias en cada uno de los hogares. No cabe duda que si se obtienen estos resultados en áreas de los Estados Unidos, la realidad de los niños de algunos países de África, Asia o Latinoamérica puede llegar a ser alarmante.

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