Vox, un terremoto en España

Las elecciones en Andalucía con la irrupción  de un nuevo partido -Vox- que pasó de18.000 a 400.000 votos en dos años provocaron un temblor  en la política española. Se señalan algunas causas: el cansancio con el Partido Socialista que gobernaba Andalucía desde hace casi 40 años salpicado en los últimos tiempos con causas penales por corrupción; más la connivencia  política  del presidente de la Nación, el socialista  Sánchez, con los independentistas de Cataluña. Más una errática actitud frente a la inmigración ilegal. El nuevo Partido tuvo una clara y abierta oposición a esas políticas. Y el temblor inicial se hizo más fuerte: en las futuras e inminentes elecciones generales las últimas  encuestas sitúan a Vox ingresando con la misma fuerza en el orden nacional.

Pero el temblor español  no es más que una réplica de un terremoto más profundo y duradero que  está conmoviendo otras zonas del mundo: hay un profundo cambio en las relaciones de poder. Cambio que muchos partidos políticos (sean de izquierdas o derecha o partidos clientelares), analistas internacionales y medios se niegan a reconocer. Y VOX, como antes lo fue Podemos (de signo totalmente contrario) y todos los otros casos que mencionaremos a continuación  se enmarcan en esa tendencia mundial.

El Brexit, por ejemplo,  sorprendió a muchos de estos “forjadores de opinión”. Nadie esperaba que una mayoría de ingleses votara ¡nada menos! que salirse de la Unión Europea. Pocos percibieron el cansancio y el rechazo a las políticas, en especial las migratorias, que  se  incubaba en la Inglaterra profunda. Otro temblor ocurrió en  Colombia. El colombiano de a pie miraba azorado cómo su  gobierno firmaba un acuerdo de paz con las FARC, acuerdo que legalizaba a terroristas que hasta ayer estaban matando a sus paisanos y los autorizaba a ser diputados, senadores, etc. Y la mayoría votó NO al Acuerdo. Pese a que enfrente (todos vestiditos de guayaberas blancas, impecables) habían  desfilado a favor del SÍ desde el vicepresidente de los E.E.U.U. hasta la UE y el Vaticano. Y todos los medios internacionales. El establishment en pleno. Pero el colombiano de a pie les dijo  NO. No al Acuerdo.

Y lo mismo pasó en Italia con el triunfo de La Liga Norte y Cinco Estrellas.  Y con Macron, que organizó un Partido en un año y triunfó en las elecciones francesas. O Hungría, que se niega, entre otras cosas,  a aceptar el cupo de inmigrantes que la burocracia de la UE asigna arbitrariamente a cada país. Y cuyo presidente Víctor Orbán lleva ya cuatro períodos votado mayoritariamente  promoviendo una política  independiente de los dictados de la UE.

Y mientras este inédito y revolucionario proceso estaba en marcha ¿cómo reaccionaban  los partidos de izquierda, extrema izquierda o los grandes medios o los cultores de lo “políticamente correcto”?: ¡Que se viene la ultraderecha!, ¡Qué se vienen los  racistas, xenófobos, machistas, nazis, antidemocráticos, vejadores de mujeres, colaboradores con la dictadura! Ninguna prueba, ningún argumento racional. Solo etiquetas. Etiquetas que no conmovieron al ciudadano y que ya estaba dispuesto a elegir, sin influencias, y que votaba, en general, contra el poder establecido. Ya estábamos en medio del terremoto cuando apareció Trump. Todo el establishment (los grandes periódicos, los grandes empresarios y bancos, los medios nacionales e internacionales de renombre, etc.) estaba abiertamente con Hillary Clinton. Pero acá también; el ciudadano de la América profunda hizo saltar las quinielas. Y les dijo con su voto: no más carreras amañadas con el resultado puesto. No más gato por liebre.

Y luego vino  Bolsonaro, ¡las cosas que no se dijeron de él!

Qué está pasando entonces. Que el ciudadano está reasumiendo la soberanía que había delegado en Partidos Políticos o en organizaciones de poder. “Nada sin mi consentimiento” pudiera ser la consigna del nuevo tiempo. Apoyándose en las redes y en Internet ha descubierto su voz. Una voz de hombre aislado pero en red e interactuando con otros millones de hombres aislados; que pueden participar y decidir en cuestiones sociales o políticas y hasta judiciales (Change. Org., Amicus Curiae,etc.).  O que a través de la consulta popular, o la revocación de mandatos o el presupuesto participativo pueden participar en política. Sin que los lleven en ómnibus a ningún acto partidario. Ni que les digan a quién tienen que votar.

Todos estos casos tienen lo que los antiguos salmantinos españoles denominaban “legitimidad de origen”. Todos  han sido votados mayoritariamente. Pero es probable que alguno de los elegidos  lo hagan mal, que se equivoquen en su gestión o que no comprendan porqué y para qué fueron elegidos. La vulneración de esa “legitimidad de ejercicio” es  lo que provocará un seguro cambio en el voto.

Para terminar: si no se entiende que estamos en medio de una nueva época  de cambio en el poder  no se entenderá el porqué de la  conmoción de  Vox en España.

El ciberciudadano y el cambio en el Poder, Ed. Punto Didot, España.

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